Viajes y Experiencias

Viajar no es sinónimo de estar perdido

Abrir la maleta y meter toda la ropa en ella deprisa y corriendo. Pillar el primer vuelo que haya o arrancar el coche y conducir sin saber a dónde. Desconectar del mundo y reencontrarse con uno mismo. Desaparecer con el propósito de explorar un mundo lleno de posibilidades y aventuras.

Llevo una temporada sintiendo un nerviosismo constante. La necesidad de ir a algún lugar lejano y cambiar de escenario. Algo parecido a ese cosquilleo que te entra en la última hora del viernes y te pones a pensar en el finde que está por venir. Tal vez sea que el buen tiempo ya parece haber venido para quedarse o que las vacaciones de verano están más o menos a la vuelta de la esquina o puede que simplemente esté hasta las narices de todo y todos y convertirme en Robinson Crusoe me haya dejado de parecer una mala idea.

Hay una palabra en inglés que representa muy bien esta sensación:“wanderlust”. Su significado literal es “pasión por vagar” y, normalmente, se utiliza para describir la sensación de necesitar viajar y descubrir nuevos lugares y culturas.  Los alemanes lo llevan al siguiente nivel y utilizan el término “fernweh” para expresar nostalgia de lugares todavía no conocidos.

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Y es que si algo tiene la vida de bonito es viajar. El ver nuevos lugares y conocer gente nueva. Te abre la mente hacia lo distinto y te hace apreciar lo que tienes. Pues no todo es diversión cuando se está lejos. Hay veces en las que se pasa mal. En las que cansa estar todo el rato hablando un idioma que no es el tuyo y te encantaría poder utilizar todas las frases hechas y expresiones que tenemos (el inglés, por poner un ejemplo, resulta no ser un idioma tan efusivo como el nuestro). En las que te gustaría tomar comida de tu tierra sin tener que gastarte un ojo de la cara o tener que pegarte horas buscando una tienda que la venda (y no, prosciutto no es jamón serrano, lo siento). En las que lo único que te apetece es tomar algo con tus colegas de toda la vida o llamar a tu familia sin tener que preocuparte por cómo va a salir la factura del teléfono a final de mes.

De cualquier manera, una vez te haces al sitio y quitando los momentos de bajón, viajando es una de las formas con las que más se aprende de la vida y más se crece como persona. Aunque sea solo por una semana, estés con gente que conoces y el idioma sea el mismo, siempre va a haber algún detalle que te aporte algo sin que tú lo notes.

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Por ejemplo, de mi estancia en Irlanda aprendí que tu hogar no tiene porqué ser siempre el lugar donde naciste ni estar en un único sitio. En Italia he aprendido que las normas de tráfico están sobrevaloradas y la mejor pasta es la que solo tiene un poco de ajo y aceite. En Estados Unidos hablé y entablé amistad por primera vez con una persona de otra raza, y aprendí que el país no es solo California, Nueva York y el Lejano Oeste (el país tiene una superficie de 9,834 millones de km², así que no sé cómo ese prejuicio ha podido llegar a nuestros días con la Wikipedia al alcance de todos). En Suecia aprendí que los españoles no somos los únicos a los que nos gusta la fiesta. En Escocia me di cuenta de que no soy tan dura como parezco y mi familia es algo que siempre me va a hacer falta. Así podría seguir y seguir, contando infinitas historias y anécdotas de mis viajes.

El caso es que de todos ellos me he llevado algo. Da igual si me lo pasé bien, si me costó la vida hacerme al sitio o si solo fui una vez. He salido más fuerte, más madura, más tolerante, más independiente. He tenido la oportunidad y la suerte de aprender nuevos idiomas y, con ello, entender mejor la mentalidad y la cultura de otros sitios. Da igual si eran dentro o fuera de mi país, todas mis travesías me han hecho vivir experiencias que en el futuro darán para unas buenas historias. De esas que ahora cuentan nuestros abuelos o nuestros padres cuando se ponen nostálgicos e intentan ocultar el hecho de que los años los cumplimos todos.

Por ello, voy a dar un consejo. Cada vez que tengas la oportunidad de viajar, tómala. Aunque solo sea ir en coche a un lugar que se encuentre a 3 horas de donde vives. Llévate algo de ropa extra, comida, bebida, la cartera y las llaves de casa y del coche, por si las moscas, y vete. La mayoría de las veces la vida requiere dar un salto de fe para que nuestro paso por ella tenga un poco de sentido. Disfruta de la gente con la que vayas y aprende a apreciar la soledad si no vas con nadie. Contrariamente a la creencia popular, saber estar solo es algo bueno e incluso beneficioso algunas veces. Vive experiencias y conviértelas en historias increíbles. Nadie quiere llegar a anciano teniendo muchos “Ojalá hubiera hecho tal en vez de cual”. No te arrepentirás, te lo prometo.

 

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