Reflexiones

Buscando a Musas Desconocidas

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Dicen que no hay mejor inspiración que un corazón roto. Dicen que de ese sentimiento tan desgarrador que te entra cuando ese alguien especial te hace daño salen verdaderas obras de arte.

Irónico, ¿no?

Yo nunca he estado enamorada. Obviamente, he tenido esos flechazos inocentes que se viven en un silencio a gritos. Esos que nunca van a llegar a ningún lado y que, a veces, te da la sensación de que los tienes por tener algo en lo que pensar cuando te aburres. Pero,   ¿enamorarme? No, ni de lejos.

Supongo que eso del amor es algo que me asusta y me intriga a partes iguales. En mi mente, influenciada por todas las películas de Hollywood y las novelas románticas de edición bolsillo, estar enamorado es algo que puede salir terriblemente mal o increíblemente bien.  Es esa situación en la que uno mismo decide dejar entrar a alguien en su vida 24/7 y se dejan de tomar decisiones basándose en los intereses propios para pasar a tomarlas de acuerdo con aquello que beneficiaría a cada una de las personas implicadas a partes iguales.

Teniendo en cuenta que yo soy extremadamente independiente y bastante espíritu libre,  creo que es bastante comprensible que la idea del amor no me haga mucha gracia si esta es la imagen que tengo.

Por otro lado, también dicen que enamorarse es una de las mejores sensaciones en la vida. Que viene cuando menos te lo esperas y, si se queda, te llena por completo como ningún otro tipo de relación entre personas que vayas a experimentar nunca. El amor es, por excelencia, algo que se tiene que experimentar para tener derecho a decir “he vivido una vida plena”.

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Ahora viene la pregunta del millón, el quid de la cuestión, mi gran duda existencial: ¿Cómo sabes qué has encontrado el amor? ¿En qué momento entre “esta persona me atrae” y “resulta que el rollo sin compromiso ha ganado bastante compromiso”, se da alguien cuenta de qué una persona vale la pena?

No soy una niña, el rollo Cenicienta ya no cuela. Los príncipes ni visten de azul ni van por ahí con un zapato de cristal para que nos probemos a ver si es nuestra talla. Tampoco me trago lo de “si te chincha, le gustas”. Perdona, chato, pero si me chinchas lo único que me estás diciendo es que eres un niñato.

Así que, ¿qué pasa?¿Qué de repente un día, después de unas cuantas peleas, reconciliaciones, despertares, anocheceres, risas y lloros, se te enciende una bombilla que te dice “¡Ya está! “¡Voy a arriesgarme!”? A mí eso me suena más a efecto secundario de una noche de fiesta que a otra cosa, la verdad.

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Por ello, pregunto: ¿A qué hechizo nos someten? ¿Cuál es el ingrediente secreto de una de las sensaciones más poderosas del mundo? ¿Qué musa se esconde detrás de todas las canciones, libros, poemas y películas que consiguen enamorarnos una y otra vez?

… Como la que os dejo aquí abajo: When The Right One Comes Along de Sam Palladio

 

¡Consejos sobre el tema serán bien recibidos! Se despide hasta la próxima entrada,

Una Romántica Escéptica.

 

 

 

 

 

 

 

 

2 comentarios sobre “Buscando a Musas Desconocidas

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