Reflexiones

Esto es cosa de dos

No soy políticamente correcta. Grito cada vez que hablo aunque la ocasión no lo requiera. Suelto más tacos que un marinero (y eso que he mejorado bastante). Hablo de temas que no entran en la categoría de “conversación educada” constantemente. Carezco de filtro (y tacto) a la hora de decir las cosas, así que, a todos los que me han preguntado mi opinión alguna vez, enhorabuena por las agallas.

El tiempo es un tema de conversación sin el que podría vivir perfectamente. Soy poco constante, mi vida es una historia interminable de miles de proyectos empezados y ninguno acabado. Tengo una personalidad adictiva, en todos los aspectos de mi vida me apego demasiado a aquello que me gusta de manera rápida; algo que intento evitar teniendo una actitud callada y antipática para atraer al mundo exterior lo menos posible.

Pese a que ya no lo demuestro, prefiero resolver las cosas a puñetazo limpio que mediante un conversación civilizada. Llevar la contraria es mi talento de nacimiento. Soy una bomba andante a punto de explotar llena de sentimientos que, muchas veces, me abruman demasiado. Irónicamente, o puede que no tanto, todo lo que tenga que ver con los sentimientos (da igual el tipo) es un verdadero misterio para mí.

Soy un lobo solitario más por fuerza que por elección propia. Me he acostumbrado a sacarme las castañas sola demasiadas veces como para aprender a adaptarme a los métodos de otros. No me considero valiente; valientes son aquellos que toman riesgos y yo prefiero quedarme en mi zona de comfort. Mi mayor miedo es el fracaso tanto profesional como personal, el no saber si tengo lo que hay que tener para todo lo que una “vida” conlleva me aterra.

Tengo una visión diferente del mundo. Descoloco a la gente que me intenta tratar como a una persona más de mi edad. Eso es algo que me frustra, alegra y entristece a la vez. He aprendido a aceptar que soy la excepción a la regla en la mayoría de los casos y no siempre en el buen sentido. Paso de las “etiquetas sociales”, tengo demasiadas cualidades y defectos como para que se me encajone en un único grupo.

No soy políticamente correcta. Lo acepto. También acepto que soy difícil de tratar y cuesta un esfuerzo tremendo hasta hacer una pequeña grieta en las paredes que me rodean. Pero acepta que tú tampoco lo has intentado mucho. Y es que ahí está la diferencia entre tú y yo: yo soy políticamente incorrecta porque me he criado sola en un mundo donde o comes o te comen mientras que tú no lo has intentado mucho porque no tienes ni puñetera idea de qué hacer con un persona que te rompe los esquemas sobre cómo alguien de mi edad, género, nacionalidad y nivel socioeconómico debería ser.

Como ves, ninguno de los dos es inocente en este juego.

 

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