Reflexiones

Groupie Love

Hace unos años tuve un pequeño debate con alguien sobre música. Más concretamente sobre el tipo de música que me gustaba. Veréis, yo soy la típica que no solo escucha un género musical o a un único artista. Me muevo más por las letras de las canciones, por los sentimientos que me transmiten. Me gusta el pop, el rock, el punk, el rap, etc… No discrimino cuando de música se trata, vamos.

El debate que os contaba, surgió porque a mí se me ocurrió decir que me gustaban algunas canciones de One Direction. Para los que no lo sepan, One Direction, es (o eran, porque están tomándose un tiempo) una banda de pop británico-irlandensa que se hizo famosa en el X Factor. Rápidamente,como tantas otras veces ha sucedido, se ganaron sus incondicionales fans (Directioners) y a sus haters. Personalmente yo no soy una fan (ni mucho menos) pero sí que tengo bastante cariño a algunas de sus canciones, pues son muy pegadizas, divertidas y, algunas, románticas.

La persona con la que estaba teniendo el debate me dijo algo así como que los One Direction no eran bueno porque su música era demasiado comercial. Yo me indigné. Muchísimo. ¡¿CÓMO QUÉ NO ERAN BUENOS?¡ ¡¿QUÉ LA BANDA SONORA DE MIS PRIMERAS “JUERGAS”NO ERA BUENA?¡

tenor
Indignación pura y dura señores,  ¡INDIGNACIÓN!

Me ha venido a la memoria esta conversación hace poco porque, precisamente One Direction, ha sido la banda sonora de mis semanas de estudio. No os podéis imaginar qué bien me lo he pasado (intentando) cantar a pleno pulmón sus “You don’t know, oh,oh, You don’t know you’re beautiful, oh, oh, That’s what makes you beautiful”, bailando al ritmo de su “Best Song Ever” o poniéndome dramática cuando llega lo de “Even when the night changes, it will never change me and you”.

No sé si habría podido aguantar las palizas de Historia y Lengua si no hubiese tenido a estos chicos de fondo en mis auriculares, la verdad.

Así que, tras mucho meditarlo y, a sabiendas de los chistes y broncas que se me van a echar, me confieso: Me encantan las boybands.

Me da igual que me pongas a One Direction que a The Backstreet Boys. A los Jonas Brothers que a los Jackson 5 (aunque estos últimos se merezcan una entrada aparte porque Michael Jackson formó parte de ellos). A Big Time Rush que a NSYNC. ¿Qué salen en la radio y no te gustan? No hay problema, te tapas los oídos y ya me pongo yo a cantar o bailar como si  fuera la nueva Beyoncé o Whitney Houston.

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Y es que me parece que hay algo que se nos olvida constantemente a todos. Hay veces en la vida en las que importa más pasárselo bien que hacerlo bien. Como me han dicho recientemente: “Hay veces que no escucho música para oír una obra maestra, sino para desconectar de los follones de la vida y reírme un rato.”

Así que, desde aquí, gracias a las boybands. Por hacernos reír. Por darnos una excusa aceptable para hacer el ridículo. Por enamorarnos con vuestra ropa hortera y vuestros peinados catetos. Por dejarnos bailar y cantar sin tener que ser la próxima Britney Spears o Miley Cyrus. Por devolvernos a una época más simple donde las amigas eran para siempre, los chicos un incordio, la idea de tener novio una fantasía y el mayor problema que la chica que te caía mal llevase la misma ropa que tú a clase un día.

Y para lo que no os gusten, os dedico desde el fondo de mi corazón este mítico….

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