Reflexiones

Ecos del pasado

Hoy he visto algo que nunca en mis casi 18 años de vida me podría haber imaginado. Las calles de mi ciudad, como las de tantas otras en España, se han teñido de rojo y amarillo, y el aire se ha llenado de multitud de voces cantando con alegría “Yo soy español, español, español.” Creo que ha sido unos de los días más surrealistas en toda mi vida.

Para los que no lo sepan, que supongo que serán pocos, hoy Cataluña está intentando llevar a cabo un referéndum para proclamar su independencia. Acontecimiento que el Tribunal Constitucional español ha calificado de ilegal de acuerdo con la Constitución. Es, por lo tanto, algo inaudito en los casi 40 años de democracia que nuestro país ha experimentado. Algo que, desde mi humilde opinión, nadie se debería perder independientemente de su ideología política.

Personalmente, seguro que para indignación de muchos, yo nunca he sido muy patriota. Quiero decir que soy española, cuando estoy fuera siempre me monto mi “familia” española para que mis raíces no me falten, y el año en el que ganamos el mundial grité y celebré hasta que se me fue la voz y mi cuerpo se agotó. Esto que para muchos otros países podría ser un patriotismo de pacotilla era, hasta hace poco, la norma por aquí. Entre la corrupción e inutilidad política, la polémica familia real, la crisis y demás, eran pocas las ocasiones en las que a uno le apetecía decir con orgullo “Soy español”.

No obstante, hoy he ido a la manifestación a favor de la unidad española. En verdad no creo haberlo hecho por mi misma pues sigo sintiéndome bastante crítica y confusa sobre la situación en España. Pero lo he hecho por el pasado nacional, por las generaciones anteriores, porque ellas fueron las que lucharon por darnos el derecho a decidir y a expresarnos sin tener represalias, y sus descendientes se lo hemos agradecido sin valorar realmente el esfuerzo que hicieron.

Veréis mi abuela, por ejemplo, era una niña aquel 1936 que tan lejano parece. Aún así, en su mente guarda un recuerdo (puede que algo difuso) del miedo y la inseguridad que se vivió entonces. Da igual de que bando estuviesen; hubo pérdidas, desgracia, terror e inseguridad en ambos. Desde niña, en la ocasión en la que alguien se animase a hablar de la guerra, se me ha dicho que lo importante es evitar a toda costa que vuelva a pasar. Que hay que respetar y tolerar a los demás porque lo importante es que somos españoles y que tenemos (finalmente) el privilegio y el lujo de decir nuestra opinión y de votar a nuestro representantes.

De todas formas, volviendo al tema que nos concierne. En primer lugar hay algo que me gustaría aclarar ya que es una comparación que he oído en numerosas ocasiones. El caso de Cataluña NO es como el de Escocia. Esta última fue una monarquía independiente de Inglaterra hasta que se asesinó a María de Estuardo en 1587, quien fue la última reina escocesa. Además, Escocia tiene su propias leyes, sus propios impuestos y, pese a las similitudes, un sistema educativo diferente. Para rematar, el referéndum escocés fue legal en todo momento.

Por otro lado, creo que hay algo que tanto algunos independentistas como los que no lo son deberían de recordar: Se está jugando con la vida de la gente. Puede que no sea una guerra y que nadie vaya a morir, pero esto nos va afectar a todos lo queramos o no. Por lo tanto, les pediría por favor de manera educada, que dejasen el concurso de “a ver quién la tiene más grande” y actuasen como adultos responsables y sensatos.

 

Por último, aunque muy probablemente esto no vaya a tener repercusión alguna, me gustaría mandar un mensaje a varios colectivos de la sociedad. En primer lugar, a los que lucharon por nuestra Constitución, lo siento. Siento que vuestros descendientes hayan perdido la cabeza y hayan ignorado el esfuerzo y el riesgo que asumisteis para poder llevar a España a un régimen democrático.

A los políticos, me gustaría recordarles que representar a los españoles es un privilegio, un honor y su trabajo. No están allí para hacer su propio Juego de Tronos ni para abusar de la posición que NOSOTROS les hemos otorgado, sino para velar por nuestro bien, independientemente de que eso signifique sentarse a hablar todas las fuerzas políticas en una mesa para elaborar un plan. Obviamente todo tendrán que ceder, pero si personajes tan opuestos como Suárez, Fraga, Carrillo o González pudieron, ustedes también.

Por último, a España entera, sé que en la historia hemos tendido a ser un tanto masoquista y muy broncas; pero el nuevo siglo ya llegó hace unos años y esa actitud a la larga nos perjudicó. ¿Qué tal si probamos una nueva estrategia? Algo como ser respetuosos, estar unidos, demostrar que somos un único país…. Sé que suena un tanto descabellado pero yo estoy segura de que tenemos el potencial y de que si trabajamos un poco en ello, es posible.

 

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