Tea Time

Cinco despedidas, varios saludos e infinitas amistades efímeras después…

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Hace tiempo que no escribo nada. Ni en el blog ni en ningún otro lado (sin contar mensajes de texto, por supuesto). No obstante, al contrario que en otras ocasiones, esta vez ha sido aposta.

La última que hice acto de presencia en el blog estaba a punto de irme a la universidad. Creo que no mencioné el lugar exacto pero, por si el título de esta sección no os ha dado una idea todavía, estoy estudiando en Inglaterra. 19 días más tarde, con el sonido de la lluvia como música de fondo y un buen té a mi vera para hacerme compañía, vuelvo a aparecer por estos lares para contaros mi primera semana y media en territorio británico.

Supongo que el mejor sitio por el que empezar a hacer esto, es por los días previos a mi partida. Los 15 días que precedieron al comienzo de mi nueva aventura fueron bastante confusos. Fundamentalmente porque tenía tiempo para dar y vender. En esos 15 días pasé de estar siempre acompañada por mi hermano y mis primos a quedarme más sola que la una. Tanta soledad me dio mucho tiempo libre, y tanto tiempo libre me llevó a comerme el coco. Algo que nunca es bueno para mí, por si no os habíais dado cuenta.

A este tiempo libre, hay que sumarle 4 eventos que pasaron en esos 15 días. Estos eventos fueron, concretamente, cuatro despedidas. La primera, una semana antes de irme, fue de mi mejor amigo. Algo que, sinceramente, tampoco es que fuera súper traumático ni sentimental (más que nada porque mi amigo es todo lo contrario a eso). No obstante, sí que me provocó una sensación de pena y hasta nervios el pensar que esa era la última vez que quedábamos hasta diciembre. Con lo malo que es mi amigo en comunicarse y lo ocupada que iba a estar yo con mi nueva vida, ¿cómo íbamos a tener tiempo para hablar? ¿Y si dejábamos de ser amigos?. La segunda despedida corresponde a una amiga con la que me uní mucho el año pasado, esta vez no sentí pena. Sabía que ambas comenzábamos una nueva etapa sobre la que estábamos emocionadas. Pero, aún así sentía un poco de arrepentimiento de irme fuera y no explorar esta nueva amistad de manera más profunda. La tercera despedida, y la que más me afectó, fue la de mi abuela. El último finde que estuve en casa, ella vino a pasar los dos días con nosotros. El domingo, cuando estaba saliendo por la puerta, se giró y me dijo “¡Ay, encanto! No sabes lo que te voy a echar en falta!” Os prometo que mi corazón en ese momento se rompió, ¿cómo se me ocurría irme y hacerle eso a mi abuela? La última despedida fue en la mañana de mi partida y tuvo que ver con mi padre. La noche anterior ya había estado dándole vueltas al tema y me entró un poco de apresión el pensar que le iba a dejar solo es año. En el transcurso del año pasado habíamos vivido prácticamente solos, pues mi madre y mi hermano tuvieron que pasar la mayor parte del tiempo fuera de casa. Por esta razón, estaba un poco preocupada sobre qué iba a ser de mi padre ese año.

Posteriormente hablando del tema con mi madre, me di cuenta de que estos nervios eran bastante normales frente al gran cambio que iba a experimentar. Pero, como ella me dijo, era el momento de pensar en mí y en lo que yo quería hacer con mi vida y no en lo que las personas cercanas a mí querían que hiciese.

Y ya nos encontramos en el 10 de septiembre. El día en el que cogí el vuelo de ida Inglaterra sin billete de vuelta. Para cuando me monté en el taxi de camino a la estación, la pena y los nervios habían sido casi totalmente sustituidos por los nervios y el cansancio que la falta del café de la mañana provoca. Aunque seguían ahí, murmurando y esperando el momento adecuado para empezar a gritar.

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Una vez aterricé en suelo inglés, mi madre (quien me acompañaba para ayudarme con la mudanza) y yo nos montamos en un taxi que nos llevó a nuestro alojamiento para los próximos tres días. Alojamiento que, hay que mencionar, no era el que teníamos pensado ya que a mi madre se le olvidó confirmar la reserva de nuestro alojamiento original y nos tuvimos que buscar la vida antes de montarnos en el vuelo a Inglaterra (algo por los que sí, me enfadé bastante)

Cuando llegamos a nuestro destino y dejamos las maletas en el apartamento. Lo primero que hicimos fue ir al banco. Para aquellos que no lo sepan, abrir una cuenta en Inglaterra para estudiantes europeos suele ser un proceso largo, algo difícil y muy muy pesado. Resulta que una vez llegamos al banco nos dijeron que teníamos que tener cita previa antes de poder abrir la cuenta que yo quería. Nos fuimos del banco sin haber abierto la cuenta pero con una cita para ello el viernes de esa semana. ¿Única pega? Mi madre ya habría vuelto a casa así que tendría que ir yo sola.

Los días siguientes a mi llegada fueron intensos como mínimo. En primer lugar, me familiaricé (a un nivel muy superficial) con el centro de la ciudad. Básicamente me aprendí el camino de mi residencia y la universidad al centro de la ciudad, al centro comercial, a los supermercados y a la oficina del banco que quería. Afortunadamente, he elegido un sitio por el que es bastante fácil moverse por lo que mi mala orientación no tiene porqué jugarme malas pasadas. De la ciudad, que todavía no conozco mucho, solo diré que me ha sorprendido gratamente. Antes de llegar todo el mundo me decía que era feísima y yo en mi mente me la imaginaba como el típico barrio obrero británico a gran escala. Resulta que, personalmente, no me parece tan fea, me da la sensación de que es una ciudad que vibra. En la que siempre pasa algo.

La razón principal por la que mis primeros días fueron intensos fue la compra exprés que tuvimos que hacer de cosas para mi casa. Para los que no lo sepan (no sé si en algún otro país es igual) en Inglaterra las residencias tienen poco más que los muebles; la comida y la bebida, la decoración, las sábanas, toallas, productos de limpieza, etc… caen a cuenta del estudiante. En el caso de que se comparta el piso, puede que las compras se puedan dividir. La cosa es que yo decidí irme a vivir sola porque no me apetecía compartir piso con gente que no conocía debido a todos mis temas médicos.

Mi piso, por si os interesa, es precioso y estoy completamente enamorada de él. Es pequeñito pero acogedor (al menos eso pienso yo). Además, convenientemente, está cruzando la calle de mi universidad, cosa cómoda para las clases de la mañana y para no tener que preocuparme por el horario de buses.

Al tercer día, llegó mi quita y última despedida. Era hora de que mi madre regresase a casa. Sinceramente, aunque esta despedida no apenó mucho, sí que fue extraña. Mi madre es verdaderamente mi mejor amiga y verla montarse en el taxi de camino al aeropuerto fue algo surrealista. Antes de que ella se fuese nos estábamos abrazando como dos tontas, como si no nos fuésemos a ver en años. Cuando por fin nos separamos me reí y le dije “Mamá, ¿te das cuenta de que en un cuarto de hora te estoy llamando, no?

Y así fue como en tres días pasé de sentirme sola a quedarme sola. Empezaba entonces mi camino en esta nueva aventura.

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En Inglaterra, en vez de novatadas tienen una semana a la que llaman Freshers. Es una semana en la que básicamente hay fiestas, eventos y charlas de orientación para conocer a gente.

Yo, persona de poca fiesta, no tenía muchas ganas de pasar por esa semana. Primero, no conocía a nadie así que ¿a dónde me voy a ir de fiesta sola en una ciudad que no conozco?. Además a mí ese rollo hoy por hoy no me mola, ¿para qué ir a algo en lo que estaré incómoda? (la respuesta a esta pregunta es para cumplir las expectativas de los demás, por cierto)

Y aquí viene la primera lección que esta nueva etapa me ha dado: Hay que aprender a estar cómoda contigo misma. No me refiero únicamente a aceptarte cómo eres (que también) sino a no tener miedo de estar sola y hacer cosas que te ayuden a conocerte mejor. Creo que a veces preferimos la compañía de gente que no sabemos si nos va a gustar por el simple hecho de evitar encontrarnos con algo que no nos guste dentro de nosotros.

No obstante, como todo ser humano, al poco tiempo tuve la necesidad de tener contacto humano. Pronto me propuse un objetivo: de 9 de la mañana a 6 de la tarde intentaría estar todos los días fuera de casa. Algo que estoy orgullosa de decir he cumplido todos los días menos hoy (nos caído un diluvio y he decidido quedarme en casa a escribir un poco)

La verdad es que la universidad me lo ha puesto bastante fácil. He tenido que ir a charlas de bienvenida, he tenido una feria de sociedades (todavía no me ha quedado claro si de verdad me he apuntado a alguna o no, porque eso era un caos total), he tenido reunión con mi consejera académica y los otros alumnos que la tienen, etc..

Sobre todo, he hablado con gente. Muchísimas. Durante un montón de tiempo. Mi primer sábado sola, por ejemplo, me bajé al centro a comer algo y mientras me sentaba me puse a hablar con la chica de al lado. Una chica de ascendencia india, residente en Kenia, ex-alumna de una universidad británica y futura ingeniera química en una empresa británica. Una chica muy simpática de cuyo nombre no me acuerdo a la cual estaré siempre agradecida por haber hecho mi primer sábado en Inglaterra un poco más agradable y menos solitario.

También he hablado con estudiantes de primer año de todas las nacionalidades y de todas las carreras. Ingleses que van a estudiar ingeniería, chinas que van a estudiar derecho, indias que van a estudiar ADE. Por supuesto, también he conocido a gente de mi carrera, y hasta en entablado una pequeña amistad. Pero todavía es pronto para saber si durará. Como dicen aquí, “como te vaya en Freshers no es un referente para todo el año”

No obstante, yo soy optimista. Intento tomarme todo día a día. “Dejar que las cosas fluyan” como me recomendó una amiga. Esta etapa es todo un reto, pero sé que voy a aprender cosas (de mí, de la vida y de mi carrera) con las que no podría haber soñado en casa…. y eso es algo que hay que valorar para bien.

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